26 janvier 2017

Fragmento de una despedida

Fue pasando el tiempo y de alguna extraña manera también yo fui haciéndome el hábito de que no estés alrededor. Hace tres años no podía pensar la posibilidad de olvidar algo, y llené mil hojas de  descripciones de tus gestos, tus abrazos, tu voz. Hace tres años volvíamos del entierro y yo te pensaba como si fuera a verte el domingo cuando nos juntáramos a tomar mate y me dijeras una receta que yo nunca anotaba porque total… ibas a hacerla el domingo siguiente y yo confiaba mucho más en tus manos.


Hoy tengo planes para este domingo porque ya hace tiempo entendí que no voy a verte. Que todas las recetas que no anoté las perdí, como perdí también (a pesar de las mil hojas) tanto de tus gestos, tus abrazos, tu voz. Hoy ya sé que no hay escritura donde pueda guardarte, ni foto donde entres completa, ni memoria donde ir a buscarte. Sólo me queda mi propio cuerpo, atravesado por tus cuidados, tus caricias, tus retos… Por silencios oceánicos y complicidades infantiles. Por tu risa contagiosa y por todas las historias que sé de mí sólo porque vos las traías a la mesa mientras condimentabas la ensalada. Un cuerpo que hace tres años me gritaba desesperado nunca, nunca, nunca más. Un cuerpo que hoy celebro y abrazo porque es donde más cerca te tengo.